Modo Single On

Ayer nada mas llegar a mi casa, me lancé cual hiena hambrienta, sobre un trozo de pan que recordaba tener por ahí perdido. Mientras lo roía (debido a la dureza del mismo, no se podía realizar otra actividad con el, además de apalear maleantes) me llamó mi madre con esas típicas y cariñosas llamadas de madre. ¿Qué horas de llegar a casa?, ¿ya cenaste?, ¿comes bien?, no te acuestes tarde. Yo con la boca como llena de arena contestaba monosílabos. – ¿Pero que estas comiendo? – un trozo de pan que encontré por ahí. A mi madre se le cambia la voz radical y me dice con pena. – pero hija por Dios, no te compras ni pan, cómprate panecillos por lo menos, así comes de todo. Me da la risa. Lluvia de migas. Pienso en mis comidas “variadas” desde que tengo trabajo nuevo. Casi todas mis comidas mal-como fuera de casa, y debido a los horarios estoy muchas horas sin probar bocado, entre una comida y la siguiente. Con lo que a la cena no le hago miramientos a nada. Por ejemplo hace semanas tuve unos invitados, como sabía que una de las personas solo comía plátanos de fruta, compré unos cuantos. Resultó que las visitas venían con el pan bajo el brazo (y plátanos por supuesto). Me pasé la semana siguiente después de su marcha, comiendo tantos plátanos al día como un mono. Del último viaje al pueblo de mi madre, hice acopio de jamón y melocotones en cantidades masivas. Llevo 15 días comiendo melocotones y me quedan para otros tantos, pero no se si lo que acabare comiendo sean orejones.



A donde iran los besos...

De adolescente alguien me dijo alguna vez, que cualquier día, encontraría el amor de la forma menos pensada en cualquier parte. Resulta que me lo creí. Y vivía, sin que nadie se diera cuenta, preocupada por si un día el príncipe azul estaba detrás de mí en la panadería, por ejemplo, y yo, por no girarme no lo había visto. Pobre príncipe, debe seguir dando vueltas buscando, o quizás cuando me agaché a atarme los zapatos se fijó en la princesa que había detrás mío. Paralelismos… Me viene esto porque el otro día al aparcar, al lado, había un grupo de coches de empresa, con sus rótulos publicitarios y los conductores charlaban animadamente de pié. Yo estuve a punto de trabajar en esa empresa. No entré porque decidí incorporarme a la que estoy ahora, pero ya tenía contrato sobre la mesa. Alguno de esos coches sería el mío, estaría metida en la conversación, los conocería. Ellos ni se daban cuenta que los observaba desde el coche una perfecta desconocida, que podría ser su compañera. Y que quizás yo también sería observada desde fuera por el que cogieron en mi lugar.



Recuerdo el día que vi a un ex con su mujer en el coche. Solo pensar que podía haber sido yo la allí sentada y todo lo que me hubiera perdido de vivir después, me dio repelús.


Eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor, me pone los pelos de punta… que gran error. Ahora es el mejor momento, porque es el que vives y si te gusta más otra vida paralela, siempre puedes liarte la manta a la cabeza y armar una revolución en tu vida.


Hace unos años que las circunstancias de la vida, me han hecho un poco revolucionaria… vivo una vida paralela de la que siempre imaginé…


¿Dónde van las cosas que no hacemos? Esas ideas tan geniales que nunca ponemos en práctica, ¿donde van? Tengo un archivo donde guardo los post que nunca publicaré. ¿Pero que pasa con el resto?




Siempre me gustó la canción de Ana Belén y Víctor Manuel.

Tropecienta

Pese a que tengo un equilibrio fantástico (Hago lo del niño de Karate Kid, subida al palo y con tacones) tengo una pequeña afición a tropezar, justo cuando alguien mira. Es como si cuando es un buen momento para hacer el ridículo, mi centro de gravedad se auto desconecta y plaf!. Soy la típica a la que se le quedan enganchados los zapatos en los huecos de las aceras. Entre el top 10 del ranking de tropiezos hay cosas como; ir paseando con una cita, hacerme un nudo con los pies, caer como un tronco en plena calle y el chico seguir caminando sin darse cuenta de que había “desparecido”; huyendo de un perro que huía de mi ; siendo absorbida por una ola en la playa; en un río de agua caliente y congelada; o el día que estrené la bici y volé por encima de un muro y acabe a cuatro patas al otro lado; de pequeñita fui la única que se cayo de 200 patinadores en una exhibición con el doble padres y tropecientos abuelos; o la de hoy, ir con los pies dormidos por el frío y rodar por una escalera en minifalda. ¿Por qué a mi?


La Tabla



Últimamente he recibido algunas peticiones. Debe ser que alguna mente picara imagina como debe ser una “cita cualquiera” después de leer mi día cualquiera. Bueno, como hay que mimar a los lectores contare alguna cosilla. Advierto, es mi parcial punto de vista y admito recursos por si alguien sufre resentimiento (Espero que los sucesos hayan caducado lo suficiente, como para que ya este borrado mi teléfono y no puedan localizarme, para demandarme, jajaja)
Como quién padeció esto que voy a contar, todavía se habla conmigo, voy a confesar que ha pasado por su censura… (Borrar no me ha hecho borrar nada, solo me ha sugerido forzosamente incluir tres ciertas palabras ensalzatorias).
Me sitúo. Primera cita, cena en restaurante fino. Llego tarde porque en mi trabajo de aquel entonces, se les ha ocurrido hacer una inauguración de un nuevo producto sin avisar, yo era la encargada de quitar la tela inaugural, así que no me podía escabullir. No he podido pasar por casa. Me fastidia ir disfrazada con el traje. El chico dice que es tímido e ir en plan ejecutiva formal… no se yo. La cena va bien, se le nota nerviosillo (jijiji… le gusto) pero me mira mucho a los ojos y me lanza pequeñas indirectas sutiles. Decido portarme bien y me guardo mis típicas preguntas indiscretas rompe esquemas, porque me ha dicho en mas de una ocasión que es tímido. Confieso iba un poco con reparo, por si tanta timidez iba a ser un muermo. Pero me estoy divirtiendo mucho y me descubro tratando de ser mas graciosa de lo habitual. (¡Mierda! eso es que me gusta). Después de la cena, paseito. La verdad, el chico me tiene un poco desconcertada a ratos parece que si, a ratos parece que no, le intereso. Mantenemos una conversación filosófica, de las que me gustan a mí, lo malo es que no permite indirectas o acercar posiciones. Él apoyado en un muro, mira al horizonte nocturno, se vuelve por unos segundos y me mira. Es guapísimo. Le brillan los ojos, juraría que esta pensando en besarme. Vuelve a mirar al horizonte y el brillo se desvanece. Me pregunto en que estará pensando. Imagino que quizá le este venciendo la maldita timidez. La conversación sigue sin dejarme meter baza. Como antes expliqué había llegado tarde y sin pasar por casa, hace frío, no tengo chaqueta y llevo unos zapatos súper fashion que no son para caminar y me hacen daño. Parece que camine en muñones. Seguro que lo que esta pensando es que soy medio idiota. De repente me pregunta si tengo frío y me coge la mano por sorpresa. Es como un gesto así como que ya no se lleva, viril… ¡y me encanta! Quizá lo que vi en el brillo de sus ojos era cierto. La conversación gira, gira y acaba derivando en que yo pregunto “¿En que estás pensado?” (Es cruel lo reconozco, jajaja, pero muuuy efectivo). Mientras da un poco de rodeo antes de contestar, me fijo en el suelo. Hay una tabla que sobresale bastante. Va directo hacia ella, pero como me va mirando y hablando no la ve. ¿Qué hago? ¿Se lo digo? Me está hablando sobre lo que esta pensando, si, si, sobre lo del brillo de los ojos. Si le digo que cuidado con la tabla, pensará que estoy desviando la conversación y quiero cortarle las intenciones. Pero si no le digo nada, tropezará, se sentirá fatal por hacer el ridículo en el momento cumbre y puede que salga corriendo. ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago?... ¡Pataplaf!... demasiado tarde. Tropezó estrepitosamente, haciendo unas acrobacias para no caerse al suelo. Hago esfuerzos por no reírme. Cuando consigue recuperar el equilibrio, se para y me mira a los ojos intensamente. Me avergüenza reírme abiertamente, pero no puedo evitarlo. Pobrecillo, se me larga y me planta fijo, me siento culpable. Que pena, para uno que no era flatulento… (Esta palabrita si que me ha costado colocarla en el texto).
Entonces como si no hubiera pasado nada absolutamente, e ignorando la sonrisa que se escapa de mis labios, muy seriamente me dice: “Pues eso, que estaba pensando que me gustaría besarte”.

Aceptamos Messenger como animal de compañía

Desde que empecé el trabajo nuevo, poco a poco he ido sufriendo cada vez más insomnio. “La adaptación a la rutina”, me decía, “esto será solo el primer mes”. El tercer mes con la adaptación mas que adaptada, seguía igual. “Será de trastear en Internet por las noches, que me desvela”, pero tras una semana con el ordenador muerto, seguía igual, sin poder dormir y en estado comatoso por las mañanas. Probé todos los consejos de las voces amigas; que si hacer ejercicio para cansarme mucho, ver programas aburridos en la tele, contar ovejas, leer, ver películas por-no (las que por-no verlas te duermes como sea), leche caliente, tila, leche con colacao, baño relajante, etc. Excepto el martillazo en la cabeza para el que no tengo valor, probé todo y las múltiples combinaciones de las ideas. Hasta el punto de no saber ya, si estaba contando cartones de leche de oveja, tomando colacao con tila o haciendo ejercicios levantando la tele. Entonces llegó un viernes y una cena con los del trabajo. La despedida de dos compañeros que se van por propia voluntad, es una que cosa desanima mucho, por mucho que el jefe diga que a mí me va a ir bien. No soy de salir mucho y menos en plan discoteca, pero un día es un día, y si va el jefe hasta que no se vaya aquí nadie se mueve. El mejor momento de la noche cuando un compañero nos coló en el chiringuito de moda y el portero contestó a un tercero que protestaba. “Estoy dejando pasar primero a los clientes habituales. Yo, la primera vez que entraba en mi vida y por cierto la ultima. Cuando pregunté la hora por primera vez eran las seis, así que me di, por más que satisfecha por mi contribución al buen rollito laboral y me fui. Pese que uno de los mas animados insistía “¡Pero que dices! Aquí nos quedamos hasta que cierren.” Me pasé el sábado en un estado hiberno-comatoso, solo interrumpido por alguna llamada y por mi voz entre sueños “nunca más, nunca más”. Lo que me pregunto es como se puede tener resaca bebiendo solo el vino de la cena. No hay mal que por bien no venga, a las diez dormía como un bebé, en el sillón y me desperté a las ocho fresca y lozana, insomnio curado… si lo llego a saber antes… El domingo me estropeé la espalda con labores brico-domesticas y vuelta a las andadas… las tres y los ojos como platos. ¿Nadie tiene un poco de cloroformo?... Por los menos vuelvo a tener Internet, el Messenger aunque no se puede acariciar, hace compañía y de vez en cuando dice frases inteligentes.

Un día cualquiera

Un día cualquiera… despertador sonando… Recuerdo vagamente que tenemos una reunión en “Tevamosaexprimir, s.a.”. Yo creía que me libraría en esta empresa de las reuniones, pero en todos los sitios cuecen habas. Me levanto, me visto, hace niebla fuera. Me resigno a usar medias por 1ª vez en la temporada. La odio, pican un montón. En el cajón no encuentro ninguna sin carrera o agujero (hace casi un año que no las toco). Sin medias a lucir carne de gallina.Somos 20 alrededor de una mesa. Vienen de no se qué proveedor a hacernos un poco de lavado de cerebro. A la izquierda las chicas de la oficina, al otro los comerciales, todos chicos y yo en medio como un jueves. Quien da la charla es un señor mayor, que no deja de mirarme, y no a los ojos precisamente. Mis compañeros se ríen y el que esta justo al lado mío empieza a pasar un bolígrafo delante de mí para distraerlo. El tipo sigue con la mirada fija. Disimuladamente convierto mi camiseta en jersey de cuello subido. Me aburro y para distraerme me imagino que pensamientos pasaran por la cabeza de los asistentes. La charla es un tostón. Más de uno tiene a cara de sueño. Excepto mi camiseta dudo que alguien se este enterando de algo. Nos insiste el jefe que preguntemos las dudas, pero nadie abrimos la boca. Me imagino ser pequeña otra vez, con esa libertad infantil tan bonita, decirle al hijo del jefe “¿y tu mamá no te peina al salir de casa que vienes con esos pelos?”. Hemos perdido la mañana entre la charla y los correspondientes cafés de antes con el jefe y de después sin que se entere.
Por la tarde pienso en mi almohada, empiezo a echarla de menos. Escucho lo mas impasible posible por segunda vez: “¿Cómo no tienes novio? Si eres guapa”. Se tiene solo…Punto1: soy normal. Punto 2: para gustos colores. Punto 3: dudo mucho que sea esa la base de una relación o el “gancho” mejor para establecerla, además este inconveniente se cura en pocos años. Punto 3: insisto, soy normal, es el disfraz de ejecutiva. Un cliente metro sexual que tengo me pregunta que perfumes usé, que tiene que hacer un regalo. Le digo un par. “¿Y como no estas casada???? Si el “O’desobac” es irresistible”. Y dale con el tema… y a ti como no te implantaron cerebro en vez de botox??? Visito otro cliente que me da las cosas a cuenta gotas. Con lo que me tiene allí cada dos días. Me voy acercando, mientras trato de ir escondiéndome en los portales. Este cliente mío tiene a su vez un cliente que cada vez que me, ve monta un espectáculo y yo sufro vergüenza ajena, propia y de terceros. No se corta un gramo en decir delante del que sea que es el soltero de oro, el mas rico y guapo de la calle, que me quiere llevar al caribe y mas cosas que no pondré aquí por respeto a mi pequeña audiencia. El individuo se parece a Pepe Villuela y yo creo que me huele venir, porque cada vez voy por allí aparece antes o después. Parece despejado, así que entro rápido. Cuando voy a salir, plaf! aparece en la puerta, me eternizo con mi cliente para no tener que salir a la vez. Nos cuenta que acaba de venir del oculista y no ve nada. La verdad trae las pupilas como un pastillero. “Venga, dame 2 besos, que me voy, para despedirme no?”. Son mis mejores clientes en estos momentos… me muerdo la boca. Pues el muy cap… con eso de no veo, no veo, beso disimulado en la boca, con los gerentes y todos delante. Me pilló tan desprevenida, que ni reaccione y los demás presentes optaron por hacer que no veían. Si me llegan a decir algo me muero de la vergüenza. Tengo ganas de pegar a alguien, alguien en concreto. La próxima vez vengo en chándal y rulos.Mi penúltima clienta se sorprende de que “a mi edad” no este viviendo en pareja. Quizá llevo algo escrito en la frente porque esto no es normal. Para mis adentros me planteo si sufro de personalidad cardo o algo peor, ya que resulto tan “anormal” a los ojos ajenos. La última visita que hago es una clienta de mi edad. Como por arte de magia también me saca el tema del día: que no tiene pareja y todo el mundo le pregunta y no entiende porque no. Como dos perdidas que se cruzan en el desierto, intercambiamos opiniones. Que no se altere el sector masculino de lectores, que tengo por costumbre no llevar conversaciones del tipo: “los hombres esto, los hombres lo otro”. Simplemente comentábamos que es mas difícil de lo que parece, embarcarse en la aventura de una relación seria. Cosa que opinamos todos los mismo, hombre y mujeres. Nada mas cerrar la puerta al salir y despedirme de la chica, me viene a la cabeza; mal de muchos, consuelo de tontos.Mientras preparo la cena en mi casa, trato de resetear los sucesos del día para que no me queden traumas ni secuelas. Saco mi cena del horno, cuando tengo prácticamente la bandeja fuera veo que el fondo de la misma tiene fuego!!!. ¿Alguien ha visto fuego en un horno? Porque yo como mucho he conseguido dejarlo todo negro carbón, pero fuego, jamás. No puedo hacer movimientos bruscos, ni soltarlo, me noto chamuscar las pestañas. Así que me pongo a soplar como si fueran velas de tarta. Confeti-ceniza por toda la cocina… quiero que acabe mi día cualquiera.

Las Musas Chillonas

Últimamente no escribo mucho. Últimamente leo en varios blogs que hablan sobre las musas y que las susodichas los han abandonado. Últimamente estoy un poco deprimida.Por eso no escribo nada. No me gusta escribir con posos de tristeza o amargura, que de eso ya comemos todos, todos los días.Desde que tengo conciencia, las musas nunca me han abandonado, más bien al contrario. Tengo cientos de expresiones artísticas terminadas y sin terminar por mi casa. Cosas que regalé, cosas que nunca nadie vio, cosas que acabaron en la basura o en algún cajón. Mil ideas nuevas emprendidas y otras tantas en lista de espera. Muchas cosas que no llegaron a buen fin por culpa de las propias musas. Una nueva musa chillaba más y requería más atención que la anterior. Si alguien siente que le ha abandonado su musa, que se estrese y que busque una operación que le coma todo el tiempo, la musa silenciosa enseguida se vera ofendida y no hará mas que hacer su trabajo, es decir, sugerir cientos de ideas que para colmo en ese momento no se podrán realizar. Desde bien pequeña me acosan las musas, tengo para regalar, si no les prestas atención van enmudeciendo poco a poco. Tengo muchas para prestar, además sobre cualquier tema, son terriblemente versátiles.Mi musa de la tristeza esta muy activa y por la visto la muy capullita es muy graciosa. Cada vez que cuento a alguien que estoy de bajón y que lloro en la ducha, para ahorrar agua y papel, primero no me creen, porque por lo visto no pega conmigo la depresión y después nos da la risa.
Nunca llovió que no escampara…
En cuanto haga bueno saco a las musas de paseo; mientras, presto alguna a quien necesite.